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Las tierras que hoy ocupa el núcleo de Bedmar han sido habitadas desde la Prehistoria. No es de extrañar, si tenemos en cuenta la gran cantidad de cuevas y abrigos naturales que existen en estas laderas de Sierra Mágina.

Al periodo ibérico corresponden los yacimientos arqueológicos de los Cornetales y del Cerrillo de los Ayozos, y los vestigios encontrados en otros puntos permiten documentar la presencia romana y visigoda en la zona. Precisamente es en este último periodo, el visigodo, cuando empieza a tomar cuerpo la villa de Bedmar. El núcleo original estaba en Peña Marta, con un cinturón de muralla para refugiar a los habitantes del valle.

La situación estratégica de Bedmar, dominando el valle del alto Guadalquivir, animó a la construcción de nuevas defensas desde los primeros momentos de la conquista musulmana. Así, ya en el siglo VIII, se levantó un segundo cinturón defensivo y se comenzó a edificar el castillo. En esta época se llamaba Bedmar “al-Matmar”, que significa silo y, por extensión, cueva. Es probable que el término se refiera a la cueva que se abre en la pared rocosa que domina la ciudad. Una cueva que estuvo integrada en el primitivo conjunto fortificado del que, todavía hoy, quedan restos: dos lienzos, parte de las torres y un aljibe adosado a las rocas.

Como tierra de frontera, la historia de Bedmar es azarosa en aquellos siglos. Varias veces conquistada por los castellanos y otras tantas recuperada por los musulmanes, que se resistían a perder este baluarte en el límite norte del reino nazarita. El castillo de la ciudad, el torreón de Cuadros, el pequeño castillo de Fuensucia o el torreón de Fique, entre Bedmar y Baeza, son algunas construcciones de su sistema defensivo. Finalmente no fue la lucha, sino un tratado de paz (el de Sevilla en 1310 entre Fernando IV y el rey Nasr) el que determine el paso al dominio cristiano de la ciudad. Aún así, un siglo después, en 1417, los nazaritas del Reino de Granada intentarían tomar los castillos de Bedmar y Albanchez por sorpresa, pero no lo consiguieron.

A esas alturas la villa pertenecía ya a la Orden de Santiago y, con el final de la Guerra de Granada, estas tierras, hasta ahora muy inseguras, son repobladas. Así en el siglo XV se construyen nuevas casas, al principio cerca del castillo, pero luego desbordando los límites de la fortaleza.

Los Reyes Católicos concedieron el privilegio de villa a Bedmar, que fue refrendado después por Carlos V.

El rey Felipe II autorizó su venta a don Alonso de la Cueva en 1512. Ya separada de la Orden de Santiago, Bedmar fue cabeza de un marquesado.

Como villa señorial, experimentó un importante crecimiento y renovación urbana. Del siglo XVII son las principales edificaciones: la ermita de Cuadros, la iglesia de la Asunción, la iglesia de la Concepción…

En 1882 Alfonso XII concedió al ayuntamiento el tratamiento de ilustrísimo y reafirmó su escudo de armas.

Dominando la orilla contraria del río Cuadros, sobre un altozano, se encuentra Garcíez. Este núcleo, originado en una de las aldeas del término, tiene un origen señorial. En 1973 se inició un Expediente de Fusión Voluntaria con la vecina Bedmar, proceso que concluyó en 1977 con la fusión. El epílogo fue el conflicto entre el comprador de las propiedades del marquesado y los vecinos que, finalmente, se hicieron con esas propiedades agrupados en una Sociedad de Transformación Agraria.

En los últimos años Bedmar, que presentaba todos los síntomas de pérdida y envejecimiento de la población propios de una comarca deprimida, ha cambiado las tendencias demográficas y la evolución económica. La iniciativa empresarial local, basada en la experiencia de los emigrantes, ha potenciado la industria agroalimentaria de transformación, principalmente espárragos y pimientos, abriendo nuevas expectativas de futuro.