Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Bedmar

El edificio religioso de mayor valor artístico de Bedmar es la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, cercana al castillo, construida en un desnivel del terreno, con magnífica sillería y notables portadas. La parte más antigua, gótica, son la cabecera y el crucero, con bóvedas estrelladas de terceletes. Las tres naves tienen columnas dóricas y arcos de medio punto renacentistas. Su torre, de planta cuadrangular, con cuatro arcos de medio punto para ubicar las campanas, se hace octogonal en el segundo cuerpo. En su interior conserva dos magníficos púlpitos del siglo XVIII y una pila bautismal del XVI.

Sus portadas son de sencilla estructura pero de gran interés ornamental. La principal, del XVII, abre con arco de medio punto, entre columnas jónicas, decorado geométricamente con rombos al estilo manierista. En el centro una hornacina acoge una escultura de la Inmaculada. Cuenta con otras dos portadas, ambas con arco de medio punto; la norte, de 1570, con cuidados flameros en los extremos de la cornisa, que se atribuye a Francisco del Castillo “el Mozo” y a su hermano Benito; y la sur, fechada en 1620, con escudo ovalado, aletones y pináculo.

Palacio del Marqués de Viana

Entre la arquitectura civil destaca el palacio del Marqués de Viana, en el antiguo señorío de Garcíez, levantado en 1548 por Día Sánchez de Quesada y Leonor de Acuña, con una estructura y elementos inicialmente góticos que fueron ampliándose en los dos siglos siguientes. Se organiza en torno a un patio rectangular que presenta galerías con labores renacentistas en mármol; pero las grandes reformas se produjeron en el XVIII, al que pertenece la galería superior. La portada abre en arco carpanel sobre impostas con clave de acanto, aparece enmarcada en piedra de mármol por dos pilastras con capiteles jónicos, y la remata un entablamento con friso decorado con bucráneos. Si bien ha sufrido deterioros por el tiempo que ha permanecido abandonado, merecen valorarse esta elegante portada, el patio porticado, la artística escalera de tres tramos y la fastuosidad decorativa de sus salones.

Recientemente, en 2006, ha sido declarado Bien de Interés Cultural.

Santuario de Cuadros

Ya en las Relaciones de Felipe II, de 1575, se cita la gran devoción que en la comarca se sentía por la Virgen de Cuadros cuyo santuario, a cinco kilómetros de Bedmar, se levantó en 1615 formando conjunto con un torreón y un molino medievales.

Su aspecto exterior es poco estilizado pero vistoso por sus contrastes volumétricos. Realizado en mampostería, la portada enmarcada por cornisa moldurada abre con arco de medio punto sobre impostas con trasdós y enjutas lisos. En su eje se levanta una elevada espadaña de dos cuerpos, el inferior con dos arcos también de medio punto y el superior con uno, frontón triangular y jarroncillos. Conserva despiezada otra portada en piedra labrada que perteneció al palacio del Marqués de la Cueva.

Su planta es rectangular y consta de una sola nave cubierta con falsa bóveda de cañón de yeso, con falsos arcos fajones que se apoyan en pilastras arquitrabadas. Tanto la nave como el presbiterio –al que se accede por un arco toral rebajado y se cubre con bóveda de media naranja sobre pechinas– están decorados con motivos geométricos y temáticas vegetales. El coro se sitúa a los pies y lo sostienen dos columnas con zapatas. El camarín tiene planta poligonal, se construyó a principios del XVIII y ha sufrido distintas reformas y modificaciones.

Es posible que la devoción a la Virgen de Cuadros se remonte a la Edad Media como corresponde a una comarca muy activa militarmente en la conquista cristiana y con una actividad primordialmente agrícola. El relanzamiento de su culto se basó en el modelo de religiosidad popular promovida por el Concilio de Trento y en la política eclesiástica llevada a cabo en la provincia por el obispo Dávila. La importancia tanto procesional como de reclamo de peregrinación de romeros del Santuario de la Virgen de Cuadros supera su valor artístico y monumental.

Castillos Viejo y Nuevo

Durante toda la Edad Media, Bedmar y Garcíez fue un bastión importante para la defensa del Guadalquivir y la protección de Baeza de los ataques musulmanes. Sus bien pertrechados castillos testimonian su importancia estratégica. El Castillo Viejo se levantaba en el lugar conocido como la Serrezuela, bien adaptado a la rocosidad del terreno, con obra de calicanto y refuerzos de mampostería. Pero la necesidad de un mejor baluarte de contención en territorio fronterizo ante la poderosa Granada hizo que, a partir de 1411, la orden de Santiago levantara el Castillo Nuevo, en la actual población, más acorde con las nuevas técnicas de la artillería, mejor dotado para repeler ataques y con más refinamientos poliorcéticos y estéticos. La buena sillería, la eficacia de su doble recinto, la solidez del alcazarejo y la quebrada angulosidad de sus muros, dieron los frutos castrenses apetecidos. El cuidadoso remate de sus huecos, la calidad de la cantería, las bóvedas de medio cañón de ladrillo, la amplitud de sus dependencias interiores, muestran que también se atendieron aspectos de habitabilidad y comodidad. En 1562 Felipe II acabó enajenándolo a la orden de Santiago para venderlo a don Alonso de la Cueva, aunque su posterior abandono y pérdida de funcionalidad acabó también abocándole a la ruina.

Ambos castillos fueron declarados Bienes de Interés Cultural en 1985.

Torre de Cuadros

A cuatro kilómetros de Bedmar hacia el sur se levanta la torre-atalaya de Cuadros. De estructura cilíndrica, estrechas saeteras y mampostería regular, fortalecía la defensa del reino de Jaén en esta línea de frontera.

En 1985 fue declarada Bien de Interés Cultural.

Iglesia Parroquial de la Asunción de Garcíez

La portada presenta un arco de medio punto sobre impostas con clave resaltada en la que aparece la fecha de su construcción, el año 1574. Consta de una sola nave con testero plano, cubierta por bóveda de medio cañón con lunetos, mientras que el presbiterio se cubre con bóveda de media naranja.

Otros monumentos

Junto a los dos castillos y la Torre de Cuadros, completaban la red militar de seguridad de esta zona el castillo de Fique, por el norte, el de Nínchez, al sur de Vado Mazuecos, y el de Garcíez, declarado Bien de Interés Cultural. Completan la arquitectura religiosa del municipio la iglesia de Santo Domingo, con fachada de buena cantería del siglo XVIII; la ermita de la Inmaculada Concepción, de finales del XVI, con discreta portada de arco de medio punto entre pilastras toscanas; y la ermita de San José, del XVIII, sita en lo que fue el Pósito. Otros hitos de interés son la Casa de la Tercia del Pan, del siglo XVI pero muy reformada en 1670; el pilar del Pilarejo, de finales del siglo XV, mandado construir por don Luis de la Cueva, comendador de Bedmar y Albanchez; la casa solar de los Cueva, del siglo XVI, junto al Ayuntamiento; y la casa-almacén de la Obra Pía, de la segunda mitad del siglo XVII, mandada edificar por el cardenal don Alonso de la Cueva en su testamento, dado en Roma en 1651, con el fin de beneficiar a los agricultores pobres de la villa.